domingo, 9 de octubre de 2011

El día que San Expedito lloró

San Expedito es un santo poco acostumbrado a la fama. Millones de fieles lo siguen en todo el mundo y él no parece tener ninguna necesidad de hacer alarde de su poder, salvo los pequeños milagros que sus promesantes cuentan en voz baja. La Iglesia Católica no rechaza al santo. Pero tampoco lo incluye en el calendario litúrgico. Eso no le ha impedido hacer carrera entre la grey, que lo tiene a mano para pedirle soluciones a problemas urgentes.

Según los creyentes, la presencia inesperada de lágrimas en figuras manufacturadas sólo se da en representaciones crísticas o del santoral católico. Desde luego, hay excepciones. En 1997, un busto de Elvis Presley, entronizado en Deurne, Holanda, derramó lágrimas saladas. Pero el Rey del Rock & Roll tiene hasta su propio culto religioso, lo cual vuelve menos extraña dicha manifestación (más curioso sería asistir al mismo prodigio en gnomos de yeso o estatuas de próceres patrios). Igualmente, aunque es parte de la religiosidad popular católica, hasta ahora no se habían reportado milagros asociados a las figuras de San Expedito.



"La gringa" Barri, Pablo de las Mercedes Cárdenas y Andrés Falguieres. Tres motocilcistas santafesinos viajaron a Chascomús para encomendarse al santo.

La ausencia de esta tradición no impidió que el pasado 19 de septiembre, la señora Miriam Larramendi de Ortells, dueña de la Estación Terminal de Omnibus de la localidad de Chascomús, en la provincia de Buenos Aires, informase que la escultura de yeso de San Expedito que ella misma colocó hace seis años en el hall del edificio "estaba llorando". Una pasajera descubrió un reflejo acuoso sobre la mejilla petrificada del santo y corrió a avisar. Miriam, que había abierto la jaulita como todos los 19, día del santo, creyó que la mujer mentía y no hizo caso.Pero al otro día se acercó a la imagen y vio que lagrimeaba, "más del ojo izquierdo que del derecho".

En la misma Estación Terminal está la sede de la Comisaría de la Mujer y la Familia. Allí, una oficial de guardia nos contó que la tarde en que Miriam supo que San Expedito lloraba "la señora no quiso llamar al periodismo por temor a que alguien de la Iglesia se llevara a su santo".

Alguien llamó a los medios por Miriam y ella dio el siguiente testimonio:



Canal 5 de Chascomús, martes 20 de septiembre de 2011.

Quique, a cargo de la boletería ese día, tocó la lágrima. Según dice, "se quemó la uña". El líquido, explicó, tenía la consistencia de un gel. Ese dato permitía suponer que el 19, al ver la caja del santo sin candado, algún bromista aprovechó para colocar la sustancia bajo los ojos del santo. Para confirmar o descartar esa hipótesis, el domingo 25 viajamos hasta Chascomús provistos de un kit para recoger muestras de las lágrimas del santo y hacerlas analizar en la Universidad Nacional de Quilmes.




El dia que San Expedito lloroDurante los dos primeros días las gotitas se deslizaron sobre la mejilla izquierda y cayeron sobre un pequeño cristo ubicado a los pies del santo, explicó Leonardo Ramos, franquero de la estación. "No caigo, en realidad no entiendo como puede estar pasando", repuso Quique, convencido de la naturaleza extraordinaria del hecho. "Esto es un milagro. De qué o para qué, no sé", precisó Miriam ante Canal 5.



El 20 de setiembre Miriam Larramendi decidió abrir las rejas del santo. "Me pareció injusto que la gente no pudiera tocarlo", explicó. Miriam se hizo devota desde que su nieto se curó de leucemia. Ella había comprado el santo de yeso en Buenos Aires y el padre Camilo, párroco de la iglesia de San Andrés, bendijo el altar. Dice que, en ocasión del milagro, "ningún cura vino a ver al santo. Y ahora el obispo de Chascomús, Monseñor Carlos Malfa, no autoriza a nadie a dar misa. ¿El motivo? Dice que es un lugar público...". La dueña del santo cree que "la Iglesia tapa estas cosas porque tal vez no tienen ninguna explicación para dar". Malfa envió un cuaderno que es donde los fieles piden y agradecen al santo. "Quiere que se lo lleve. Pero antes me tiene que recibir, me tiene que dar audiencia", reclama Miriam, acaso consciente de que los milagros se acercan más a la gente a medida que la cúpula eclesiástica se va alejando de ella.

Expedito, según la tradición, fue un soldado romano que defendió al Imperio ante las invasiones bárbaras, se hizo cristiano y, por sus firmes convicciones, también martir. Su biografía, para muchos apócrifa, explica por qué rivaliza con San Francisco de Asís, patrono de los animales: cuando se iba a convertir, se le acercó un cuervo que graznaba "cras, cras cras" (en latín "mañana, mañana, mañana") para persuadirlo a que tomase su decisión otro día. Expedito vio que el animal era el demonio y lo aplastó con su pie. "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", declaró triunfante el desde entonces santo.

Pese a su popularidad, el "santo de las causas urgentes" no figura en ninguna lista oficial de mártires de la Iglesia. Así lo anotó, por ejemplo, Juan Alberto Palópoli, autor de un libro sobre el culto. "Su martirio -afirma el autor- se ha mantenido vivo en la tradición oral que se fue transmitiendo de generación en generación". San Expedito es buscado para pedir curaciones, coraje o protección en las rutas. En la procesión espontánea que tuvo lugar en la terminal de Chascomús, Claudia dice que fue a buscar fuerza y voluntad.



Claudia está por perder la vista. No sólo fue a Chascomús con la ilusión de curarse. A San Expedito le quería pedir algo más.

Una suboficial ese día de guardia en la Comisaría de la Mujer y la Familia, ubicada en la misma terminal, juró que pudo "corroborar la novedad". No nos autorizó a revelar su nombre, pero sí a reproducir la charla.




Velas, pedidos y estampitas- Estaba con mi jefa y, a las 16 horas, constatamos que San Expedito estaría llorando. Fuimos a ver y aparentemente estaba llorando. Hubo bastante movimiento, había gente que venía todos lados.



¿Cómo lo constataron?

- Fuimos, corroboramos la novedad, informamos a nuestro jefe distrital, que dispuso un móvil por toda la gente que había. Fue todo muy familiar. La gente vino tranquila, no hubo problemas.

¿Alguien tomó muestras de las lágrimas para hacer algún estudio?

- No, eso desconozco.

¿La policía tampoco lo hizo? ¿Y algún sacerdote?

- No, hasta donde nosotros sabemos no se hizo presente nadie de la Iglesia.

¿Habitualmente cómo se ve al cajón donde se conserva la estatua, cerrado o...?

- Eso siempre estuvo cerrado con llave. Es de vidrio y la llave la tiene la dueña, que trabaja en la Terminal. Pero como el día anterior es el día de San Expedito, la señora lo abrió, le puso velas y flores y después pasó lo que pasó.

¿No se te ocurre que alguien pudo haberle puesto un gel en el ojo al santo?

- No, mire, la verdad yo eso desconozco, yo soy creyente... Pero bueno, eso yo no sabría decirle. Para mí... pudo haber sido. Pasan tantas cosas.

Este cronista, que había ido a Chascomús dispuesto a tomar muestras, regresó con los tubos de ensayos vacíos. Las lágrimas del santo se habían desvanecido con la misma celeridad con que los fieles necesitan ver cumplidos sus ruegos. Ramos, franquero en la Estación Terminal y devoto de San Expedito, explicó cómo se secó el manatial sanador. En su desesperación, contó, muchos fieles arrebataban las viscosas lágrimas del santo y se las frotaban por el cuerpo.



Leonardo Ramos sabe por qué se secaron las lágrimas del santo.

En Chascomús nadie se pregunta por la conexión entre una lágrima procedente de una figura de yeso y la esperanza de sanación, nadie se cuestiona si ese llanto realmente es milagroso, todos quieren creer que lo es, todos esperan que el deseo, incluida la promesa de un milagro real, se cumpla ante todos esos ojos. Algunos lloran de verdad.

 
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